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El Buen Samaritano

Publicado el 06 de julio de 2025 · por Administrador

El Buen Samaritano

Jesús redefine quién es nuestro prójimo: cualquiera que necesita ayuda. La fe sin obras es estéril.

El Buen Samaritano

Lectura sugerida: Lucas 10,25-37 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 6 de julio de 2025

Jesús redefine quién es nuestro prójimo: cualquiera que necesita ayuda. La fe sin obras es estéril.


Un doctor de la ley, queriendo justificarse, le preguntó a Jesús: '¿Y quién es mi prójimo?'. Cristo le respondió con una de las parábolas más conocidas. Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó cuando cayó en manos de bandidos. Lo dejaron medio muerto. Pasaron un sacerdote y un levita: vieron y siguieron de largo. Pasó un samaritano: se compadeció.

Los que pasan de largo

Sacerdote y levita eran personas religiosas, conocedoras de la ley. Tenían razones 'piadosas' para no acercarse: una posible impureza ritual, prisas, miedo. Cuando la fe se reduce a normas y olvida al hombre concreto, se vuelve estéril. Jesús es duro con esta religiosidad de fachada.

El samaritano inesperado

Los samaritanos eran despreciados por los judíos. Era el último que se esperaba como héroe. Y, sin embargo, fue él quien se detuvo, vendó las heridas con vino y aceite, lo subió a su cabalgadura, lo llevó a una posada, pagó por él y prometió volver. Caridad concreta, costosa, organizada. No basta con tener buen corazón: hay que mover manos y bolsillo.

La pregunta cambiada

Jesús termina con un giro genial: el doctor preguntó '¿quién es mi prójimo?', buscando un límite a su responsabilidad. Cristo le devuelve la pregunta: '¿quién se hizo prójimo del herido?'. Ya no se trata de definir a quién debo amar, sino de hacerme yo prójimo del que sufre.

Para llevar a la vida diaria

¿Quién es 'el herido del camino' en tu vida esta semana? Quizá un familiar enfermo, un compañero de trabajo deprimido, un vecino solo, un pobre concreto en la calle. Detente. Acércate. Haz algo, aunque sea pequeño. Y, si no puedes hacer mucho, paga 'la posada': conecta a esa persona con quien sí pueda ayudarle.

Señor, tantas veces paso de largo. Sáname la mirada para ver al herido en mi camino. Hazme samaritano: que sepa pararme, vendar, llevar y pagar. Que el amor concreto sea la mejor confesión de mi fe. Amén.


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Publicado en la categoría: Sermón.

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