La vid verdadera: 'Permanezcan en mí'
Publicado el 03 de mayo de 2026 · por Administrador
Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. Sin Cristo no podemos hacer nada. Permanecer en Él es condición de toda fecundidad.
Lectura sugerida: Juan 15,1-8 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 3 de mayo de 2026
Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. Sin Cristo no podemos hacer nada. Permanecer en Él es condición de toda fecundidad.
Mayo, mes de María y mes en que la vida brota en plenitud. Hoy Cristo nos da la imagen de la vid: 'Yo soy la vid verdadera; mi Padre es el viñador'. Una metáfora agrícola para hablar de la vida espiritual.
La savia común
El sarmiento por sí mismo no tiene vida: depende totalmente de la vid. Sin la savia común, se seca y se quiebra. Igual ocurre con nosotros. Lejos de Cristo, podemos parecer activos, pero estamos secándonos por dentro. La Eucaristía, la oración, la Palabra, son la savia que circula.
La poda
'Todo sarmiento que da fruto, lo poda para que dé más fruto'. La poda es dolorosa: corta lo que parecía vivo. Pero hace fructificar. Las cruces que Dios permite en nuestra vida son muchas veces podas. Lo que sentimos como pérdida termina siendo crecimiento.
Permanecer
El verbo clave del pasaje es 'permanecer' (menō). Aparece varias veces. No basta acercarse: hay que permanecer. La fidelidad cotidiana, aburrida si se quiere, es la base de toda fecundidad. La constancia es la virtud que más cuesta y más fruto da.
La oración eficaz
'Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se lo concederé'. La condición es exacta: permanecer en Él y dejar que su Palabra permanezca en nosotros. Entonces la oración se sintoniza con la voluntad divina y se hace eficaz.
Para llevar a la vida diaria
Pregunta concreta: ¿qué te pasa cuando dejas de orar tres días? Si no notas nada, quizá no estás permaneciendo, solo visitando. Y revisa qué 'podas' has resistido recientemente: una pérdida, una contrariedad, una limitación. Tal vez Dios las usa para hacerte fructificar.
Cristo, vid verdadera, sin ti soy nada. Hazme permanecer en ti como el sarmiento en la vid. Poda lo que sobre, aunque duela. Que dé fruto abundante para gloria del Padre y bien del mundo. Amén.
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Publicado en la categoría: Sermón.