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El juez injusto y la viuda persistente

Publicado el 22 de septiembre de 2024 · por Administrador

El juez injusto y la viuda persistente

Una viuda persiste hasta cansar al juez injusto. Si un mal juez termina cediendo, ¿cuánto más Dios escucha a los suyos?

El juez injusto y la viuda persistente

Lectura sugerida: Lucas 18,1-8 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 22 de septiembre de 2024

Una viuda persiste hasta cansar al juez injusto. Si un mal juez termina cediendo, ¿cuánto más Dios escucha a los suyos?


Jesús, para explicar la necesidad de orar siempre sin desfallecer, contó una parábola: 'Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. En la misma ciudad, había una viuda que iba a pedirle: hazme justicia frente a mi adversario. Por algún tiempo se resistió. Pero después se dijo: aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me está moliendo, le haré justicia para que no venga continuamente a importunarme'.

Una viuda contra todo

En la sociedad antigua, una viuda sin protección masculina estaba en la peor situación. No tenía influencia, no podía pagar sobornos, no inspiraba miedo. Su única arma era la insistencia. Y le bastó. Es modelo de oración perseverante: no se rinde ante un primer no.

Dios no es juez injusto

La parábola usa una técnica de contraste. Si un juez injusto, sin ningún interés por la viuda, termina cediendo, ¿cuánto más Dios, que ama a sus hijos? La conclusión de Cristo: 'Dios hará justicia a sus elegidos que claman día y noche, aunque les haga esperar'. La paciencia divina no es indiferencia: es preparación.

El sentido de la espera

¿Por qué Dios a veces hace esperar? La parábola sugiere que la espera tiene función pedagógica: educa la fe, purifica las intenciones, fortalece el deseo. Si todo se concediera al instante, nuestra fe sería frágil. La oración persistente nos transforma a nosotros más que cambia a Dios.

La pregunta final

Cristo termina con un interrogante inquietante: 'Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?'. Es la pregunta más actual del Evangelio. En cada época Dios busca quien siga creyendo, persistiendo, orando. ¿Estará en mí esa fe cuando Él regrese?

La oración del Padre Nuestro

La oración persistente no es presión: es relación. Como el Padre Nuestro repetido a diario. No es que Dios necesite que se lo recordemos: necesitamos repetirlo nosotros para no olvidar quiénes somos y a quién pertenecemos.

Para llevar a la vida diaria

¿Hay alguna petición que llevas tiempo orando sin respuesta aparente? No la sueltes. Insiste como la viuda. Y, al mismo tiempo, examínate: ¿qué está cambiando en ti por la espera? Quizá la respuesta divina no es lo que pediste, sino el cambio en tu corazón.

Padre justo, escucha mi clamor de hoy. No quiero soltar mi oración aunque la respuesta tarde. Aumenta mi fe perseverante. Y, cuando vuelvas, encuéntrame de rodillas, no rendido. Amén.


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Publicado en la categoría: Sermón.

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