La parábola de los talentos
Publicado el 16 de noviembre de 2025 · por Administrador
Cada uno recibe dones distintos, pero todos somos llamados a hacerlos fructificar. Dios nos pide fidelidad creativa.
Lectura sugerida: Mateo 25,14-30 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 16 de noviembre de 2025
Cada uno recibe dones distintos, pero todos somos llamados a hacerlos fructificar. Dios nos pide fidelidad creativa.
Un hombre, antes de partir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno; a cada uno según su capacidad. Volvió tras mucho tiempo. Los dos primeros habían duplicado. El tercero, por miedo, había escondido el suyo en la tierra. Recibió la dura reprimenda: 'Siervo malvado y perezoso… al menos podrías haberlo puesto en el banco'.
No todos somos iguales
La parábola no maquilla la realidad: a cada uno se le da según su capacidad. Hay desigualdad de dones. Pero la fidelidad no se mide por la cantidad recibida, sino por la fidelidad ejercida. El que recibió dos y los duplicó, recibió la misma alabanza que el de cinco. Dios no compara: pesa.
El miedo paraliza
El tercer servidor justifica su parálisis con el miedo: 'Conocía tu dureza'. Es la excusa de toda mediocridad. El miedo paraliza más vidas que el pecado. La vida cristiana es siempre arriesgada: amar es arriesgar, dar testimonio es arriesgar, decidir es arriesgar. Quien por miedo no se mueve, ya pierde.
Tus talentos, descubrirlos
¿Cuáles son tus talentos? Quizá no los has identificado nunca. Inteligencia para algo concreto, capacidad de escucha, manos buenas, simpatía, organización, paciencia, sentido del humor, fe robusta. Todo cuenta. Lo importante es no enterrarlos: ponerlos en juego.
Para llevar a la vida diaria
Esta semana identifica tres talentos que tienes (no en general: concretos). Y pregúntate qué estás haciendo con cada uno para servir a Dios y al prójimo. ¿Hay alguno enterrado? Empieza a sacarlo. La eternidad se juega en cómo administramos lo que se nos confía aquí.
Señor, tú me has confiado dones que no merezco. Líbrame del miedo paralizante. Que no entierre nada por comodidad o desconfianza. Quiero ser un servidor bueno y fiel, alegre en multiplicar tus talentos. Amén.
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Publicado en la categoría: Sermón.