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La parábola del sembrador

Publicado el 13 de julio de 2025 · por Administrador

La parábola del sembrador

La misma semilla cae en tierras distintas. Dios siembra su Palabra en abundancia, pero el fruto depende del corazón.

La parábola del sembrador

Lectura sugerida: Mateo 13,1-23 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 13 de julio de 2025

La misma semilla cae en tierras distintas. Dios siembra su Palabra en abundancia, pero el fruto depende del corazón.


Salió el sembrador a sembrar. Una semilla cayó al borde del camino y la pisaron; otra en pedregal, donde no tenía tierra; otra entre espinos, que la ahogaron; y otra en tierra fértil, donde dio fruto al ciento por uno. Cuatro tierras, una sola semilla: la Palabra de Dios.

El sembrador derrochador

Llama la atención que el sembrador siembre incluso en lugares poco prometedores. Dios no calcula como nosotros: derrama su Palabra a manos llenas, confiando en que algo dará fruto. No descarta corazones a priori. La gracia se ofrece a todos.

Las cuatro tierras dentro de mí

Lo más fecundo de la parábola es ver cómo las cuatro tierras conviven en cada uno. Hay zonas duras de mi corazón donde nada penetra; hay entusiasmos pasajeros sin raíces; hay preocupaciones que ahogan; y, gracias a Dios, hay también tierra fértil. La Cuaresma, la confesión, la oración paciente, son el arado que prepara el suelo.

El fruto multiplicado

Cuando la Palabra cae en tierra preparada, el resultado es desproporcionado: ciento, sesenta o treinta por uno. La vida cristiana no se mide por esfuerzo propio sino por capacidad de dejarse fecundar. Pequeñas decisiones humildes pueden generar frutos enormes en la familia, en el trabajo, en la sociedad.

Para llevar a la vida diaria

Lectio divina sencilla esta semana: cada día, lee unos versículos del Evangelio del domingo, subraya una frase, repítela durante el día. Después aplícala a una situación concreta. Y elimina algo que sabes que ahoga la semilla: una hora de redes sociales, una preocupación obsesiva.

Sembrador divino, no te canses de sembrar en mí. Prepara la tierra de mi corazón: rompe lo duro, asienta lo superficial, arranca los espinos. Que tu Palabra dé en mí fruto abundante. Amén.


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Publicado en la categoría: Sermón.

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