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La Visitación: la prisa de la caridad

Publicado el 31 de mayo de 2026 · por Administrador

La Visitación: la prisa de la caridad

El 31 de mayo, fiesta de la Visitación. María, embarazada, sube a la montaña a servir. Llevar a Cristo es no quedarse quieto.

La Visitación: la prisa de la caridad

Lectura sugerida: Lucas 1,39-56 Categoría: Festividad Publicado: Domingo, 31 de mayo de 2026

El 31 de mayo, fiesta de la Visitación. María, embarazada, sube a la montaña a servir. Llevar a Cristo es no quedarse quieto.


Termina mayo, mes de María, con su propia fiesta: la Visitación. Acabamos de oírla un par de veces en el año, pero hoy es su día. Lucas narra que María 'se puso en camino y se fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel'.

La prisa que no es ansiedad

La prisa de María no es la nuestra. No es nerviosismo: es amor. Las prisas modernas suelen ser por nuestras agendas; la suya es por la necesidad ajena. Hay un modo de apurarse que santifica y un modo que crispa. La diferencia es el motivo: ¿corro por mí o corro por otro?

El primer evangelio fue una visita

María no preparó conferencia ni levantó pancartas: simplemente saludó. Y el niño en el seno de Isabel saltó de gozo. La presencia de Cristo, llevada con sencillez, transforma ambientes silenciosamente. El primer evangelio fue una visita.

El Magníficat brota

En casa de Isabel, María proclama su Magníficat. La verdadera caridad libera la alabanza. Cuando damos amor, nos sale gratitud. Las personas más agradecidas suelen ser las que más sirven, no las que más reciben.

El fin de mayo

Mayo termina con María subiendo a la montaña. Es buena imagen para los meses que vienen: que la devoción a María no se quede en el mes mariano, sino que nos lance a 'visitar' a alguien concreto cada semana del año. María no se entiende sin obras de caridad.

Para llevar a la vida diaria

Visita a alguien esta semana sin agenda oculta: una ancianita sola, un enfermo, un familiar al que rara vez ves. Lleva tu fe sin sermones: un saludo, un té, una mano. Verás cómo, al volver, el Magníficat brota también en ti.

María de la Visitación, dame tu prisa santa. Que aprenda a llevar a Cristo en silencio, sin estridencias, simplemente con mi presencia. Que mi caridad libere el Magníficat también en quienes ayudo. Que mayo termine, pero que tu visita siga. Amén.


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