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Los obreros de la viña: la generosidad de Dios

Publicado el 21 de septiembre de 2025 · por Administrador

Los obreros de la viña: la generosidad de Dios

Todos reciben el mismo jornal, sin importar la hora. La justicia de Dios es siempre desbordante misericordia.

Los obreros de la viña: la generosidad de Dios

Lectura sugerida: Mateo 20,1-16 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 21 de septiembre de 2025

Todos reciben el mismo jornal, sin importar la hora. La justicia de Dios es siempre desbordante misericordia.


Un dueño de viña salió de mañana a contratar trabajadores; pactó con ellos un denario por la jornada. Volvió a las nueve, al mediodía, a las tres y a las cinco de la tarde, cada vez contratando a más. Al final del día, comenzando por los últimos, pagó a todos un denario. Los primeros murmuraron: '¡Hemos trabajado más!'. El dueño respondió: 'Amigo, no te hago injusticia. ¿O tienes envidia porque yo soy bueno?'.

La justicia y la misericordia

A primera vista parece injusto. Pero el dueño no engañó a nadie: pagó lo pactado a los primeros y fue generoso con los últimos. La justicia mira los méritos; la misericordia mira las necesidades. Dios une las dos: a nadie le quita lo suyo y a muchos les regala más de lo que merecen.

El pecado de la murmuración

Lo más interesante es que el problema no era recibir poco: era ver que otro recibía mucho sin haberlo merecido. La envidia es enemiga del corazón cristiano. Cuando comparamos, perdemos la alegría. Si yo recibo lo que no merezco, ¿por qué me molesta que otro también reciba?

Nunca es tarde

Hay quienes llegan a la fe a los setenta años, después de una vida lejos de Dios. La parábola es para ellos buena noticia: el mismo jornal, la misma vida eterna, los esperan. Nunca es tarde para entrar a la viña. Y para los que entramos pronto, es invitación a no dormirnos en la herencia.

Para llevar a la vida diaria

Esta semana detecta una envidia disimulada en tu corazón (sutil suele ser) y combátela: ora por la persona, agradece concretamente lo que esa persona logra, alégrate explícitamente con ella. Verás cómo se libera el espíritu.

Señor, gracias por llamarme a tu viña a la hora que fuera. Quita de mi corazón toda envidia y comparación. Que me alegre con la felicidad ajena y que reconozca, ante todo, tu inmensa generosidad conmigo. Amén.


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Publicado en la categoría: Sermón.

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