'Permanezcan en mi amor'
Publicado el 05 de mayo de 2024 · por Administrador
'Ámense unos a otros como yo los he amado'. No es consejo sino mandamiento. Y Cristo añade algo asombroso: 'Los llamo amigos'.
Lectura sugerida: Juan 15,9-17 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 5 de mayo de 2024
'Ámense unos a otros como yo los he amado'. No es consejo sino mandamiento. Y Cristo añade algo asombroso: 'Los llamo amigos'.
Cristo, en la última cena, continúa su discurso de despedida: 'Como el Padre me ha amado, así los he amado yo: permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor'.
Un amor que se hereda
La cadena del amor cristiano es trinitaria: el Padre ama al Hijo, el Hijo nos ama a nosotros, nosotros amamos a los hermanos. El amor no nace de nuestros méritos: lo recibimos. Solo se puede dar lo que se ha recibido. Por eso la oración personal es indispensable: allí nos dejamos amar por Dios y aprendemos a amar.
El mandamiento nuevo
'Ámense unos a otros como yo los he amado'. El criterio es exigente: no 'como ustedes se aman a sí mismos' (Antiguo Testamento), sino 'como yo los he amado'. Y Cristo nos amó hasta dar la vida. La medida del amor cristiano es la cruz, no nuestros sentimientos.
La amistad con Cristo
'Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. A ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer'. Esta es la palabra más asombrosa del Evangelio. Cristo se hace amigo de hombres y mujeres concretos. La fe cristiana no es relación amo-esclavo: es amistad personal con el Hijo de Dios.
La elección
'No me han elegido ustedes a mí; he sido yo quien los he elegido'. Esta frase desmonta el orgullo del converso. Si he encontrado a Cristo, no es porque sea más listo o más virtuoso: es porque Él, sin yo merecerlo, me ha elegido. La fe es siempre don, no logro.
Para llevar a la vida diaria
Esta semana cuida la amistad con Cristo. Hablale tres veces al día, no como a un funcionario celestial, sino como a un amigo: cuéntale lo que sientes, escúchale. Y cuida también las amistades humanas: el amor cristiano se prueba en lo concreto. Llama a un amigo distante. Reconcíliate con uno enojado.
Jesús, amigo, gracias por elegirme sin mérito mío. Quiero permanecer en tu amor. Enséñame a amar a los hermanos como tú me has amado. Que mi corazón sea cauce de tu amor para los demás. Amén.
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