'Yo soy el pan vivo bajado del cielo'
Publicado el 11 de agosto de 2024 · por Administrador
Los judíos murmuraban: '¿No es este el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado del cielo?'. Cristo no se retracta: 'Yo soy el pan vivo'.
Lectura sugerida: Juan 6,41-51 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 11 de agosto de 2024
Los judíos murmuraban: '¿No es este el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado del cielo?'. Cristo no se retracta: 'Yo soy el pan vivo'.
Cuando Cristo afirmó 'Yo soy el pan que ha bajado del cielo', los judíos murmuraban: '¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?'. La objeción es de fondo: ¿cómo este hombre tan ordinario tiene origen divino?
Cuando lo divino habita lo ordinario
La encarnación es escándalo permanente para la razón humana. Dios escondido en un carpintero de Nazaret. El Pan vivo escondido en una hostia blanca. La eternidad escondida en un sacramento. El cristianismo es la religión de los escondites santos. Solo la fe descubre lo que se oculta tras las apariencias.
La doble necesidad
'Nadie puede venir a mí si el Padre no lo atrae'. La fe no es solo opción humana: es atracción divina. Por eso oramos por la conversión de las personas amadas. Pedimos al Padre que las atraiga. Sin esa atracción, la mejor predicación es inútil.
Aprender de Dios
'Todos serán enseñados por Dios'. La fe cristiana tiene un magisterio interior: el Espíritu Santo enseña al alma directamente. Por eso la oración personal es escuela. Allí Dios enseña lo que ningún libro puede transmitir.
El pan que es la carne
Y entonces Cristo da el paso decisivo: 'Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo'. La identificación es total. El pan eucarístico no es metáfora: es su carne. Toda la doctrina católica sobre la presencia real está aquí.
Vivir para siempre
'Vivirá para siempre'. La Eucaristía no solo nutre: trae la vida eterna ya. Quien comulga frecuentemente con fe lleva en sí el germen del cielo. Es semilla de inmortalidad sembrada en cuerpo y alma.
Para llevar a la vida diaria
Esta semana, antes de cada Misa, di: 'Señor, soy de los que murmuran a veces. Aumenta mi fe en tu presencia real'. Y comulga con tres minutos de adoración después: silencio absoluto, sin mirar el celular, sin distracciones. Allí, Dios enseña en silencio lo que no se aprende de otro modo.
Señor Jesús, pan vivo bajado del cielo, te creo presente, te adoro, te amo. Atráeme tú, Padre, hacia tu Hijo. Espíritu Santo, enséñame interiormente. Que cada Eucaristía sea semilla de eternidad en mí. Amén.
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