Bartimeo: '¡Hijo de David, ten compasión!'
Publicado el 26 de octubre de 2025 · por Administrador
Un ciego mendigo grita y la multitud quiere callarlo, pero él insiste. Jesús se detiene.
Lectura sugerida: Marcos 10,46-52 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 26 de octubre de 2025
Un ciego mendigo grita y la multitud quiere callarlo, pero él insiste. Jesús se detiene.
A la salida de Jericó, sentado al borde del camino mendigando, estaba Bartimeo. Al saber que Jesús pasaba, comenzó a gritar: '¡Hijo de David, ten compasión de mí!'. La multitud lo regañaba para que callara, pero gritaba más fuerte. Cristo se detuvo: 'Llámenlo'. Bartimeo arrojó su manto, dio un salto y se acercó. '¿Qué quieres que haga por ti?'. 'Maestro, que vea'. 'Vete, tu fe te ha salvado'. Y, recobrada la vista, le siguió por el camino.
La fe que grita
Bartimeo sabe que es ciego, pobre y excluido. No tiene nada que perder y todo que ganar. Por eso grita. La oración tibia no llega muy lejos. Hay tiempos en que la fe pide voz. No estamos siempre tibios; cuando llega el momento de jugarse algo grande con Dios, hay que gritar.
El manto que se arroja
'Arrojó su manto'. Para un mendigo, el manto era casi todo: cama de noche, abrigo de día, recipiente para las monedas. Bartimeo lo deja sin pensarlo. La fe pide soltar lo que parecía imprescindible. Hasta que no soltamos lo nuestro, no recibimos lo Suyo.
La pregunta exacta
'¿Qué quieres que haga por ti?'. Cristo no asume: pregunta. Quiere que Bartimeo articule su deseo. La oración es eso: poner palabras a lo que de verdad necesitamos. A veces no sabemos qué pedirle a Dios porque no nos hemos detenido a preguntárnoslo a nosotros mismos.
Para llevar a la vida diaria
¿Qué le pedirías a Cristo si te preguntara hoy '¿qué quieres que haga por ti?'? Tómate cinco minutos para responder con sinceridad. Y arroja un 'manto' esta semana: algo seguro pero pequeño que te impide moverte (un hábito, una distracción, un miedo).
Hijo de David, ten compasión de mí. Maestro, que vea. Y, una vez que vea, que te siga por el camino, sin volver al borde. Que mi fe sea grito, libertad y seguimiento. Amén.
¿Te gustó este artículo? Compártelo con quien creas que pueda necesitarlo. Sigue caminando con nosotros cada domingo en caminosdefe.mx.
Publicado en la categoría: Historia bíblica.