Curación en Betesda: '¿Quieres curarte?'
Publicado el 11 de febrero de 2024 · por Administrador
Un hombre llevaba treinta y ocho años junto a la piscina. Jesús le pregunta lo aparentemente obvio: '¿Quieres curarte?'.
Lectura sugerida: Juan 5,1-15 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 11 de febrero de 2024
Un hombre llevaba treinta y ocho años junto a la piscina. Jesús le pregunta lo aparentemente obvio: '¿Quieres curarte?'.
Junto a la puerta de las Ovejas había una piscina con cinco soportales, llamada Betesda. Allí yacían numerosos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Esperaban el movimiento del agua: el primero que entrara cuando el agua se agitaba quedaba curado. Un hombre llevaba allí treinta y ocho años.
La pregunta que sorprende
Jesús se acerca y, conociendo la historia, le pregunta: '¿Quieres curarte?'. Parece obvio. ¿Quién no querría? Y, sin embargo, no lo es. A veces convivimos tanto con una herida que la enfermedad se vuelve identidad. Pedirle a alguien que sane es pedirle que cambie todo: amistades, rutinas, comportamientos. Algunos prefieren su parálisis conocida a la libertad desconocida.
La excusa que no excusa
El hombre responde no con un 'sí' rotundo, sino con quejas: 'No tengo a nadie que me meta en la piscina; cuando voy yo, otro baja antes'. Treinta y ocho años echando culpas. Jesús no entra en debates: 'Levántate, toma tu camilla y echa a andar'. La sanación no espera al permiso de las circunstancias.
No vuelvas a pecar
Más tarde, Jesús lo encuentra en el templo y le dice algo intrigante: 'Mira: estás curado; no peques más, no sea que te suceda algo peor'. La conexión entre pecado y sufrimiento no es automática (recordemos Job), pero a veces sí es real. Hay sufrimientos derivados directamente de nuestros pecados.
Para llevar a la vida diaria
Pregúntate honestamente: ¿hay alguna 'enfermedad' espiritual con la que llevo cómodamente conviviendo? ¿Realmente quiero sanar o me he acostumbrado a quejarme? Esta semana, da un paso concreto para salir de la parálisis: una confesión pendiente, una conversación que evitas, un hábito que sabes dañino.
Señor, a tu pregunta '¿quieres curarte?' quiero responder con un sí sincero. Líbrame de las excusas que llevo años repitiéndome. Tómame de la mano, levántame, y enséñame a caminar de nuevo. Amén.
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Publicado en la categoría: Historia bíblica.