El paralítico bajado por el techo
Publicado el 22 de febrero de 2026 · por Administrador
Cuatro amigos cargan a un paralítico hasta el techo, lo descuelgan por una abertura y lo dejan ante Jesús. 'Al ver la fe de aquellos…'.
Lectura sugerida: Marcos 2,1-12 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 22 de febrero de 2026
Cuatro amigos cargan a un paralítico hasta el techo, lo descuelgan por una abertura y lo dejan ante Jesús. 'Al ver la fe de aquellos…'.
La casa estaba llena. No cabía un alma más. Cuatro amigos llevaban a un paralítico y, al no poder entrar, subieron al techo, lo desmontaron y descolgaron al enfermo con su camilla. Marcos lo dice con sorprendente economía: 'Al ver Jesús la fe de aquellos, le dijo al paralítico: tus pecados te son perdonados'.
La fe de otros que salva
Notemos el detalle: 'al ver la fe de aquellos'. El paralítico no podía caminar, ni hablar es claro, ni quizá creer del todo. Pero sus amigos sí creían. Y por su fe Cristo actuó. Esto es revolucionario: la oración intercesora es real. Por los hijos rebeldes, los esposos alejados, los amigos enfermos: nuestra fe puede tocar a Cristo en lugar de la de ellos.
Primero el alma
Sorprende que Jesús no le diga 'levántate y camina', sino 'tus pecados te son perdonados'. Para Cristo, la parálisis del alma es más grave que la del cuerpo. Curar las heridas profundas del corazón es más decisivo que cualquier sanación física. A veces no pedimos lo que Cristo más quiere darnos.
La señal visible
Para que los escribas vean su autoridad, después le ordena 'Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa'. Y el hombre lo hace. La sanación física es signo de la otra, mayor. Cristo no separa cuerpo y alma: cura al hombre entero.
Para llevar a la vida diaria
Identifica una persona 'paralizada' por algo (depresión, adicción, alejamiento de Dios). Conviértete tú esta semana en uno de los amigos del techo: oración constante, presencia silenciosa, gestos concretos. Y, ante Dios, pídele para ti primero la sanación del alma, luego la del cuerpo.
Señor, gracias por mis amigos creyentes que oran por mí cuando yo no puedo. Hazme también amigo del techo: que cargue al paralítico a tus pies, sin desistir, sin protagonismo. Y a mí también, perdóname y sáname el cuerpo y el alma. Amén.
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Publicado en la categoría: Historia bíblica.