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Historia bíblica

El siervo sufriente de Isaías

Publicado el 20 de octubre de 2024 · por Administrador

El siervo sufriente de Isaías

Siete siglos antes de Cristo, Isaías dibujó al siervo sufriente: 'Cargaba con nuestros sufrimientos, fue traspasado por nuestras rebeliones'.

El siervo sufriente de Isaías

Lectura sugerida: Isaías 53,10-11 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 20 de octubre de 2024

Siete siglos antes de Cristo, Isaías dibujó al siervo sufriente: 'Cargaba con nuestros sufrimientos, fue traspasado por nuestras rebeliones'.


En el libro de Isaías, capítulos 52-53, aparece uno de los textos más impresionantes del Antiguo Testamento: el cuarto cántico del siervo. Lo escribió un profeta siete siglos antes de Cristo. Describe a un hombre desfigurado, despreciado, traspasado por las culpas de otros. Y, sin embargo, victorioso al final.

Una profecía vertiginosa

'Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre él recayó el castigo que nos sana'. Cuando los apóstoles leyeron este texto a la luz de la pasión de Cristo, comprendieron que se cumplía letra por letra. Cristo se reconoció en este siervo. Su pasión no fue accidente: fue cumplimiento.

El dolor con sentido

El siervo no sufre por azar. Sufre 'por nosotros'. Hay un sentido. Sus heridas curan a otros. Es lógica vicaria, intercambiadora: el justo carga las culpas de los injustos para liberarlos. Es la base de la doctrina cristiana de la redención.

El silencio voluntario

'Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero'. El silencio del siervo es la fuerza de su entrega. No es derrota: es decisión. Cristo en su pasión cumplirá literalmente esta imagen.

La victoria al final

El cántico termina con la victoria del siervo: 'Cuando entregue su vida como expiación, verá descendencia, prolongará sus años. Mi siervo justificará a muchos'. La cruz no es el final: es la puerta de la victoria. La derrota aparente es triunfo profundo.

Aplicación al dolor cristiano

Esta profecía da sentido también a nuestros sufrimientos. Unidos a los de Cristo, no se desperdician: redimen. Esposas que ofrecen su dolor por maridos lejanos, padres que ofrecen sus enfermedades por hijos perdidos, religiosos contemplativos que ofrecen sus vidas por el mundo: todos participan del siervo sufriente.

Para llevar a la vida diaria

¿Llevas alguna cruz pesada? No la cargues sola. Únela conscientemente a la cruz de Cristo. Ofrece tu sufrimiento por una intención concreta: la conversión de alguien, las almas del Purgatorio, la paz del mundo. La cruz ofrecida es fecunda; la cruz sola y resentida, estéril.

Señor Jesús, siervo sufriente, gracias por cargar con mis rebeliones. Gracias por convertir el dolor en redención. Une mis pequeñas cruces a la tuya. Que mi vida, aún en lo doloroso, sea fecunda como la tuya. Amén.


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Publicado en la categoría: Historia bíblica.

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