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El tesoro escondido y la perla

Publicado el 19 de julio de 2026 · por Administrador

El tesoro escondido y la perla

Un labrador encuentra un tesoro en un campo. Un comerciante encuentra una perla preciosa. Ambos venden todo para adquirirlos.

El tesoro escondido y la perla

Lectura sugerida: Mateo 13,44-46 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 19 de julio de 2026

Un labrador encuentra un tesoro en un campo. Un comerciante encuentra una perla preciosa. Ambos venden todo para adquirirlos.


'El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo esconde y, lleno de alegría, vende todo lo que tiene y compra el campo'. Y la otra: 'Es semejante a un comerciante que andaba buscando perlas finas; al encontrar una preciosa, fue a vender todo lo que tenía y la compró'.

El descubrimiento sorprendente

El labrador tropieza con el tesoro sin buscarlo. Su sorpresa lo desborda. Es la experiencia de muchos: la fe llega como hallazgo inesperado en medio del trabajo cotidiano. No la buscábamos especialmente, y de pronto se nos revela como lo más valioso.

La búsqueda paciente

El comerciante, en cambio, busca explícitamente. Recorre mercados, examina, compara. Y un día encuentra la perla. Es la experiencia de los buscadores conscientes: los que han hecho de la búsqueda espiritual su tarea principal y finalmente encuentran lo que vale.

Vender todo

Ambos protagonistas hacen lo mismo: venden todo. La fe auténtica no es un añadido a la vida actual: la reordena por completo. Cuando descubrimos el tesoro, todo lo demás se relativiza. Eso no significa abandonarlo todo materialmente, pero sí desapegarse interiormente.

La alegría central

'Lleno de alegría' vende todo. Esta es la clave: la fe genera alegría que sostiene el sacrificio. Quien renuncia a algo por Cristo no se frustra: se alegra. Si nuestras renuncias cristianas son lastimeras, quizá no hemos descubierto bien el tesoro.

Para llevar a la vida diaria

Pregúntate sinceramente: ¿es Cristo para mí un tesoro? ¿O un peso? Si lo segundo, lee de nuevo el Evangelio y reza por el don del gozo. Y haz un acto concreto de 'venta': suelta algo que sabes que te ata, y verás cómo el tesoro se hace más visible.

Señor, eres el tesoro escondido y la perla preciosa. Hazme verlo con claridad. Vendo gustoso lo que sea para tenerte a ti. Que mi vida sea reorganizada por este descubrimiento. Y dame la alegría que sostiene toda renuncia por amor a ti. Amén.


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Publicado en la categoría: Sermón.

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