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Historia bíblica

La curación del leproso: si quieres, puedes

Publicado el 15 de febrero de 2026 · por Administrador

La curación del leproso: si quieres, puedes

Un leproso rompe las normas y se acerca. 'Si quieres, puedes limpiarme'. Jesús siente compasión, extiende la mano y lo toca.

La curación del leproso: si quieres, puedes

Lectura sugerida: Marcos 1,40-45 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 15 de febrero de 2026

Un leproso rompe las normas y se acerca. 'Si quieres, puedes limpiarme'. Jesús siente compasión, extiende la mano y lo toca.


En la sociedad judía, el leproso era el último de los últimos. Vivía aislado, harapiento, gritando '¡impuro, impuro!' al acercarse alguien. Tocarlo significaba quedar también impuro según la ley. Por eso es sorprendente lo que el leproso hace y, más aún, lo que Jesús hace.

Una fe arriesgada

El leproso rompe los protocolos: se acerca, se arrodilla y suplica. 'Si quieres, puedes limpiarme'. No duda del poder de Cristo; pregunta solo por su voluntad. Es una fe humilde y audaz a la vez. Cuántas veces no recibimos porque no nos atrevemos a pedir con esa franqueza.

La compasión que toca

Marcos subraya: 'sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó'. Cristo podía haberlo curado a distancia. Eligió tocarlo. Para una persona que llevaba años sin sentir un contacto humano, el roce de la mano fue ya sanación antes de cualquier milagro. Hay heridas que solo el contacto cura.

Los leprosos de hoy

No tenemos lepra física, pero seguimos teniendo 'leprosos': personas marginadas por su pasado, su orientación, su pobreza, su enfermedad, su condición. La sociedad los mantiene a distancia con miradas. El cristiano está llamado a acercarse, tocar, abrazar.

Para llevar a la vida diaria

¿Quién es 'el leproso' de tu ámbito? Una persona excluida en tu trabajo, escuela, familia. Esta semana acércate a ella sin escándalo: salúdala, invítala, mírala con respeto. Y, ante tus propias zonas 'leprosas' (las que avergüenzan), atrévete a presentarlas a Cristo: 'Si quieres, puedes limpiarme'.

Jesús, tú no le huiste al leproso: lo abrazaste. Enséñame a no huir de la herida ajena ni de la mía. Toca con tu mano los lugares que llevo apartados por vergüenza. Cuérame, y haz de mí cura para otros. Amén.


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Publicado en la categoría: Historia bíblica.

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