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Historia bíblica

La pesca milagrosa: rema mar adentro

Publicado el 01 de febrero de 2026 · por Administrador

La pesca milagrosa: rema mar adentro

Habían trabajado toda la noche sin pescar nada. Jesús les pide volver a echar las redes. La fe llena lo que el esfuerzo solo no logra.

La pesca milagrosa: rema mar adentro

Lectura sugerida: Lucas 5,1-11 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 1 de febrero de 2026

Habían trabajado toda la noche sin pescar nada. Jesús les pide volver a echar las redes. La fe llena lo que el esfuerzo solo no logra.


Era de madrugada. Pedro y sus compañeros lavaban las redes después de una noche infructuosa. Jesús subió a la barca y, tras predicar a la multitud, le dijo a Pedro: 'Rema mar adentro y echen sus redes'. Pedro respondió con cansancio mezclado con fe: 'Maestro, nos hemos pasado la noche entera bregando sin pescar nada; pero, por tu palabra, echaré las redes'.

Por tu palabra

La diferencia no estaba en la técnica ni en el lugar: estaba en la palabra de Jesús. Pedro pesca según sus criterios y no logra nada; pesca según la palabra del Señor y se desbordan las redes. Cuántas veces nos esforzamos por nuestra cuenta sin consultar al Señor.

La sorpresa de la abundancia

Las redes se rompen, las barcas se hunden. Cuando Dios da, da con generosidad. La medida divina no es la nuestra. Frecuentemente esperamos poco porque pedimos poco. Cristo nos invita a remar mar adentro, no a quedarnos en la orilla.

El descubrimiento de la propia pequeñez

Pedro, al ver el milagro, cae a los pies de Jesús: 'Apártate de mí, Señor, que soy un pecador'. La cercanía de Dios siempre suscita conciencia de la propia miseria. Pero no nos aplasta: Jesús responde 'No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres'. La conciencia del pecado es el inicio del seguimiento, no el final.

Para llevar a la vida diaria

¿Hay un 'mar adentro' al que Cristo te invita y al que no te has atrevido? Tal vez una vocación, un proyecto, un perdón, un servicio. Da el primer remazo esta semana. La obediencia confiada es la antesala del milagro.

Maestro, hemos bregado mucho sin frutos. Por tu palabra echaremos de nuevo las redes. Aumenta nuestra fe. Y cuando llegue la abundancia, que sepamos reconocer que es don tuyo y no fruto nuestro. Amén.


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Publicado en la categoría: Historia bíblica.

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