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Historia bíblica

La Transfiguración: un anticipo de la gloria

Publicado el 16 de marzo de 2025 · por Administrador

La Transfiguración: un anticipo de la gloria

Antes de la cruz, Dios nos regala destellos de su gloria para sostenernos en la prueba. Subamos al monte de la oración.

La Transfiguración: un anticipo de la gloria

Lectura sugerida: Mateo 17,1-9 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 16 de marzo de 2025

Antes de la cruz, Dios nos regala destellos de su gloria para sostenernos en la prueba. Subamos al monte de la oración.


Seis días después de anunciar su pasión, Jesús sube al monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan. Allí se transfigura: su rostro brilla como el sol, sus vestiduras se vuelven blancas como la luz. Aparecen Moisés y Elías. Y se escucha la voz del Padre: 'Este es mi Hijo amado: escúchenlo'.

Una luz para los días difíciles

¿Por qué Jesús se transfiguró? Para fortalecer a sus discípulos antes del escándalo de la cruz. Sabía que en la pasión flaquearían y necesitaban un recuerdo luminoso al cual aferrarse. Dios hace lo mismo con nosotros: en la oración serena, nos regala momentos de claridad que después nos sostienen en las noches oscuras.

Subir al monte

Pedro, Santiago y Juan no estaban en el Tabor por casualidad: habían subido. La experiencia de Dios pide esfuerzo. Implica cierta soledad, cierto silencio, dejar atrás el ruido del valle. La Cuaresma es tiempo propicio para esa subida: días de retiro, una hora de adoración, una mañana de silencio.

Bajar del monte

Pedro quería plantar tiendas y quedarse arriba. Pero el monte no es para vivir: es para alimentarse y bajar. La gracia recibida en la oración debe transformarse en servicio en la vida cotidiana. La verdadera mística siempre desemboca en caridad.

Para llevar a la vida diaria

Esta semana procura una hora de silencio sin teléfono, en una iglesia abierta o en un rincón tranquilo de tu casa. Lee despacio el Evangelio del domingo. Permanece. No esperes nada espectacular: el Tabor casi siempre llega en la calma.

Señor Jesús, llévame al monte de la oración. Que pueda ver tu gloria, aunque sea por un instante, y que esa luz me acompañe cuando vengan los días duros. Que escuche siempre tu voz: tú eres el Hijo amado. Amén.


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Publicado en la categoría: Historia bíblica.

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