Predicación en Nazaret: nadie es profeta en su tierra
Publicado el 28 de enero de 2024 · por Administrador
Jesús vuelve a su pueblo, lee a Isaías y proclama el año de gracia. Los suyos lo despeñan. La cercanía no garantiza el reconocimiento.
Lectura sugerida: Lucas 4,16-30 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 28 de enero de 2024
Jesús vuelve a su pueblo, lee a Isaías y proclama el año de gracia. Los suyos lo despeñan. La cercanía no garantiza el reconocimiento.
Jesús volvió a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, le pasaron el libro de Isaías y leyó: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres'. Enrolló el libro y dijo: 'Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír'.
Un día decisivo
Para Jesús es el momento de declararse públicamente. Cita a Isaías y dice 'hoy'. No 'algún día', no 'pronto': hoy. La salvación se hace contemporánea con su voz. Cada Misa actualiza ese 'hoy'. Cada lectura proclamada en la asamblea es nuevo cumplimiento.
La reacción ambigua
Primero se admiran: 'qué hermosas palabras'. Pero pronto la familiaridad mata: '¿No es este el hijo de José?'. Lo conocemos desde niño, lo vimos en el taller, lo recordamos jugando con su madre. La cotidianidad puede impedir el reconocimiento de lo sagrado. Cuántos cristianos no descubren a Cristo en su propia casa, en su parroquia, en su cura habitual.
Hasta despeñarlo
La cosa termina mal: 'Lo llevaron a la cumbre del monte para despeñarlo'. Es el primer intento documentado de matar a Jesús. Su pueblo natal, no los romanos. Las cercanías heridas pueden ser más violentas que los enemigos lejanos.
Pasando entre ellos
Jesús 'pasó por en medio de ellos y se marchaba'. Sereno, no aplastado. No grita venganza ni se arrastra rogando. Camina. Hay momentos en que el cristiano tiene que pasar también, sin entrar en peleas inútiles ni renunciar a la verdad.
Para llevar a la vida diaria
Identifica un 'profeta sin honor en tu tierra': un sacerdote criticado en tu parroquia, un buen colega ignorado, un familiar que dice verdades incómodas. Escúchalo de nuevo, sin prejuicio. Y, si tú eres el profeta no escuchado, aprende a pasar sereno, sin amargura.
Señor Jesús, abre mis ojos al hoy de tu Palabra en mi vida ordinaria. Que no deje de reconocerte por exceso de cercanía. Y cuando me toque ser voz incomprendida, dame tu serenidad para pasar entre ellos sin perder la paz. Amén.
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Publicado en la categoría: Historia bíblica.