Purificación del templo
Publicado el 03 de marzo de 2024 · por Administrador
Jesús, con un látigo, expulsa a los vendedores del templo. 'No hagan de la casa de mi Padre una casa de mercado'.
Lectura sugerida: Juan 2,13-25 Categoría: Historia bíblica Publicado: Domingo, 3 de marzo de 2024
Jesús, con un látigo, expulsa a los vendedores del templo. 'No hagan de la casa de mi Padre una casa de mercado'.
Cerca de la Pascua, Jesús subió a Jerusalén. Encontró el templo lleno de vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y los cambistas sentados a sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los expulsó a todos. Volcó las mesas de los cambistas y desparramó el dinero. A los que vendían palomas les dijo: 'Llévense esto de aquí: no hagan de la casa de mi Padre una casa de mercado'.
La cólera de Cristo
Pocas veces los Evangelios muestran a Jesús enfadado. Esta es una de ellas. No fue un arranque, sino un acto deliberado: tuvo tiempo de hacer el látigo. La indignación cristiana existe, y es santa cuando defiende lo sagrado. Lo que Cristo no soporta es que su Padre sea convertido en negocio.
El templo del cuerpo
'Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré'. Los presentes pensaron que hablaba del edificio. Hablaba de su cuerpo. La verdadera presencia de Dios no está en piedras: está en Cristo mismo. Y, por extensión, en cada bautizado, templo del Espíritu Santo.
Los mercados de hoy
Hay templos físicos sucios y los hay impecables. Pero también hay templos interiores convertidos en mercado: vidas espirituales utilizadas para hacer negocio, religiosidades instrumentales, oraciones con factura. Cristo sigue entrando con su látigo a expulsar lo que sobra.
El templo personal
San Pablo lo dirá con claridad: 'No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo'. Cuidar el templo personal incluye el cuerpo (sobriedad, descanso, sexualidad ordenada) y el alma (oración, sacramentos, lecturas sanas, amistades buenas). En Cuaresma es buena ocasión para revisar ambos.
Para llevar a la vida diaria
Identifica un 'mercado' instalado en tu templo interior. Quizá un pensamiento recurrente que te aleja de Dios, una rutina deshonrosa, un afán que ya no es ascético. Esta Cuaresma, expúlsalo con decisión, aunque cueste. Y, este domingo, asiste a Misa con conciencia: tú eres el templo donde Cristo se hace presente.
Señor Jesús, entra con tu látigo en mi templo interior. Expulsa lo que sobra. Vuelca las mesas de mis idolatrías. Que tu casa, en mí, sea casa de oración y no de mercado. Amén.
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Publicado en la categoría: Historia bíblica.