Tradiciones humanas y mandamiento divino
Publicado el 30 de agosto de 2026 · por Administrador
Los fariseos critican que los discípulos no se laven las manos. Jesús denuncia: 'Honran con los labios, pero su corazón está lejos'.
Lectura sugerida: Marcos 7,1-23 Categoría: Sermón Publicado: Domingo, 30 de agosto de 2026
Los fariseos critican que los discípulos no se laven las manos. Jesús denuncia: 'Honran con los labios, pero su corazón está lejos'.
Los fariseos vieron a los discípulos comiendo con manos sin lavar y se escandalizaron. Marcos explica que tenían muchas tradiciones rituales heredadas. Jesús responde con dureza: 'Bien profetizó Isaías sobre ustedes: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos'.
Lo de fuera y lo de dentro
La crítica de Jesús no es contra las tradiciones en sí: es contra reducir la religión a lo externo. Lavarse las manos no era malo; lo malo era pensar que eso bastaba mientras el corazón estaba lleno de avaricia o envidia. La fe no se mide por gestos rituales: se mide por la limpieza del corazón.
La lista del interior
Cristo enumera lo que sale del corazón: malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraude, libertinaje, envidia, blasfemia, soberbia, frivolidad. La lista no es agradable, pero es realista. El cristiano honesto se mira en este espejo regularmente. Pretender estar limpio sin pasar por ahí es ilusión.
Cuidar las dos dimensiones
No se trata de despreciar el ritual ('total, lo importante es el corazón'). Se trata de unir ambas dimensiones. El ritual sostiene al corazón y el corazón da sentido al ritual. Cuando se desconectan, ambos se atrofian.
Para llevar a la vida diaria
Haz un examen sincero del corazón. No solo de las acciones externas: ¿qué hay realmente dentro? Envidia, juicio, lujuria, frivolidad. No te alarmes: identifica para combatir. Y mantén tus rituales bien, pero sabiendo que son medios, no fines: la oración del rosario, la Misa dominical, la confesión, son instrumentos para purificar el corazón.
Señor, mira mi corazón. Ahí está la verdad de mí. Limpia lo que no debería estar. Que mis gestos religiosos no sean fachada sino instrumentos de conversión interior. Que mi vida coincida por dentro y por fuera. Amén.
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Publicado en la categoría: Sermón.